A Italia en bicicleta.

           Una novela donde lo imposible fue real.

 

Los hechos, nombres, situaciones y lugares nombrados en esta novela son reales. Cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia, sino la realidad misma.

 

A dos soñadores: el Tío Roque y el Cabezón Vega. Demostraron que lo imposible es sólo difícil...

                                                                                                                Daniel F. Paulon

 

Capítulo inicial.

 

   Recién comenzaba la década menemista. Allá por los inicios de los noventa el país buscaba un acomodamiento institucional, económico y social. Las bochas también eran parte de ese cambio y de ese acomodamiento que nuestro país estaba realizando. Los pueblos y ciudades de nuestro país empezaban a sentir los vaivenes de una economía donde lo importante, venía de afuera. Se empezaban a perder puestos de trabajo, las empresas a privatizarse y los sueños a hacerse añicos. Pero había sueños que aún se podían lograr...

   Roque Trionfetti y Héctor Vega, a los que no une ningún tipo de parentesco, eran dos “hermanos” que vivían a pleno dos de sus pasiones: la tarea dirigencial en las bochas y las largas charlas entre amigos en su club, el Atlético Ceres Unión. Las bochas en aquel entonces en Ceres mostraban una puja tan interesante como la que tienen aún hoy en día. Y Atlético fue siempre uno de esos equipos a vencer. Lucían la “roja” Luis Marío Vanetti, Alberto Oscar Silva y Raúl Armindo Basualdo. A ellos se le agregó luego Pedro “Charo” Vera, un notable puntero, y estaba el siempre “rojo” Jorge Antonio Palacios, un muy buen bochador.

   Atlético Ceres venía de ganar el Provincial de Clubes Campeones de Santa Fe en 1990. El club ceresino repitió el mismo logro al año siguiente, en 1991. Allí comenzó a gestarse una utopía: jugar el Sudamericano de Clubes.

 

Dos soñadores en bicicleta.

 

   Roque y Vega como se los conocía en aquellos años y como se los conoce ahora, eran los dos máximos dirigentes que tenía el club ceresino. Juntos recorrían las calles del pueblo en bicicleta, Vega en su eterno medio de movilidad que está próximo a cumplir las cuatro décadas y Roque en alguna bicicleta ocasional que más de una vez veía el amanecer en un lugar distinto al del día anterior. Ellos eran los líderes naturales de un equipo que trabajaba por y para las bochas. Junto a las mujeres de la institución atendían fiestas en el salón del club para poder mantener el sueño de hacer crecer a las bochas y apuntalar los logros deportivos que se iban realizando. Ya Roque había estado “internado” seis meses transformando las antiguas canchas en un estadio con capacidad para mil personas. Aún recuerdo una tarde de marzo del ’91 cuando con una rama de paraíso empezó a dibujar en el piso de tierra lo que iba a ser el estadio. Yo le creí, obviamente, aunque al igual que todo el grupo que lo acompañó en esa otra aventura dudaban de que semejante obra podía llegar a realizarse. Demás está decirle que el estadio se hizo y que hoy es uno de los más importantes de la Argentina.

   La bicicleta los acompañaba. El ingenio no les faltaba y las oportunidades de dar el gran salto aparecían. Luego de la obtención de aquellos títulos santafesinos y cuando se enteraron que la Confederación Sudamericana de Bochas tenía in mente la creación de un torneo continental de clubes, al no existir el nacional, se anotaron rápidamente – nunca fueron dos personas lerdas de movimientos...- para organizar en la mismísima Ceres el sudamericano. Perseguían dos objetivos: aprovechar al máximo la localía y buscar además del título el pasaporte a lo que era el destino final del sueño: el mundial de clubes.

 

A prepararse que se viene el Sudamericano.

 

   Arrancó el ’92 y del club ceresino se van el “Beto” Silva rumbo a Tucumán y el “Negro” Basualdo con destino a Guernica donde lo esperaba otro coprovinciano, Daniel Mendizábal. Lo que quedó del equipo, Vanetti, Vera y Palacios inició la preparación bochófila y física; sí, físicamente también se prepararon con el “Pato” Muhn quien fue el encargado de que los jugadores tuvieran un estado óptimo, mirando el sudamericano que se venía. Ningún detalle librado al azar...

   Mientras tanto, y  a medida que se acercaba la fecha, Vega y Roque comenzaron a buscar los métodos reglamentarios para conseguir la vuelta de Basualdo y Silva, al menos por este torneo. Gente de leer bien detalladamente la letra chica de los reglamentos, lograron confirmar a Basualdo y Silva – sería el quinto hombre – un par de meses antes.

 

Profetas en su tierra. Ganaron el Sudamericano de punta a punta.

 

   Llegó el mes de abril y llegó con notable expectativa el Sudamericano de Clubes, uno de los pocos certámenes que la Noroeste no había organizado. La parada, deportivamente hablando, no iba a ser fácil. Sólo el campeón iba al certamen mundial. Había un rival a vencer, Recreativo Dores de Brasil, con el uruguayo Alfredo Barrios en sus filas.

   Ceres era una fiesta. Los estadios lucían como en sus mejores galas y la gente de los clubes tuvo la oportunidad de estar con los participantes, ya que cada almuerzo o cena fue en un club distinto. Primer partido ante Estadio Croata de Chile, con el internacional Aldo Bavestrello en sus filas y triunfo para calmar la ansiedad del equipo y del público. Fue 15 a 5 en cancha de Atlético. Segunda fecha y el sueño en lo deportivo se empieza a hacer realidad. Aplastante victoria ante los brasileños por 15 a 2. Faltaba poco, pero no había que perder la concentración. Llegó un nuevo triunfo, 15 a 3 frente a Los Pinares de Uruguay. Descanso en la cuarta fecha y coronación en casa frente a Presidente Hayes de Paraguay con un rotundo 15 a 5.

   Vino la premiación, la celebración y el equipo de Vera, Vanetti, Basualdo y Palacios tenía el pasaporte a Italia, al primer mundial de clubes. Para ganar este sudamericano no sólo fue vital lo deportivo, sino también algunos detalles. Por citar un ejemplo, como las delegaciones comían en clubes distintos, las instituciones ceresinas los agasajaban con todos los honores a los visitantes. Entonces los visitantes comían de más, la sobremesa era larga y el descanso corto. Mientras todo esto sucedía, los jugadores de Atlético estaban comiendo en otro lugar algo muy liviano y hasta tenían tiempo para la siesta. Ya se sacaba una ventaja en lo físico también.

 

Así lucía el estadio del C.A.C.U. en el arranque del certamen sudamericano. El sueño empezaba.

 

Y ahora...¿cómo viajamos?

 

   Terminó el sudamericano, terminaron los festejos y a pensar en la lejana Italia, de la que poco se sabía, sólo que había muchos gringos en la zona que venían de allá. Paso uno, conseguir los pasajes. Vital para dar vida al anhelo de todos de llegar a disputar un certamen mundial, el primero a nivel clubes. Para eso, siempre en bicicleta, Roque y Vega empezaron a tirar líneas. La primera salió a través del entonces presidente del club, Carlos Fanucchi, hombre que era conocido del entonces titular de Independiente de Avellaneda. Ahí se fue tirando la primer línea. Vía Pedro Iso y contrareloj se consiguió una entrevista con el Secretario de Deportes de la Nación, el “Pato” Galmarini. Obviamente que llegar a conseguir esta entrevista no fue fácil, hubo que  esperar, llamar y llamar.

   Y el día llegó. Viaje a Buenos Aires y charla mano a mano con el máximo dirigente deportivo del país. No titubearon un minuto. Necesitaban seis pasajes para viajar. Galmarini habló de falta de fondos, de presupuesto achicado, de que había otros deportes con urgencia, de que era una competencia por clubes...Hasta que agarraron el bochin ellos y “llorando” fueron aflojando al dirigente deportivo. Y lo lograron, los seis pasajes estaban otorgados. Aún se recuerda la chanza que Galmarini le hizo a Vega, el supuesto preparador físico del equipo,  por su estado atlético. Bromas al margen, ya habían dado un paso, pero faltaban varios.

   Octubre, mes del mundial estaba cerca. Pero faltaban los pasaportes, la plata para llevar, solucionar otros inconvenientes, faltaba mucho y quedaba poco tiempo...

   Vamos por paso y separando lo importante de lo urgente, así lo habrán sentido inconcientemente Roque y Vega.

   Pero como aquella Argentina no es la de hoy, hacer un pasaporte demorada, como mínimo, dos meses. Imposible, el mundial ya hubiera terminado. Y ahí empezaron  trabajar, buscando conexiones de gente que era de Ceres y podía tener contactos para agilizar los trámites. Y a través del amigo, de un amigo, de un conocido, los pasaportes iban a estar en una semana.

   Vanetti, Basualdo y Vera en la primera semana fueron los que recorrieron los casi ochocientos kilómetros entre Ceres y Buenos Aires para ir a hacer el trámite. Los dos dirigentes viajaron con ellos y volvieron la semana siguiente para llevar a Jorge Palacios y a este periodista que se enteró estando en Rosario que a través de esfuerzos familiares y con sólo 18 años iba a ser parte de este sueño. Impresiones digitales, fotos, firmas y en un par de horas el trámite estaba hecho. En unos días mandaron los documentos a Ceres.

    Mientras tanto, el grupo que siempre colaboraba con las bochas trabajaba cada vez más para juntar dinero y así acompañar el sueño mundialista. Pasa que como el reglamento era otro, las bochas eran otras, el idioma otro, había que viajar unos días antes. Y para eso se necesitaba conseguir algo más de dinero

  

Escala en Lomas de Zamora.

 

   Invitados por el entonces Presidente de la Confederación Argentina de Bochas, Jorge Costas - quien también viajaba - la delegación iba a estar en Lomas de Zamora dos días antes de tomar el avión. Llegó la despedida de Ceres, el saludo de los familiares, hinchas y amigos y los consejos de los que ya habían viajado en avión: no respires cuando despegan, tirensé para atrás en el asiento, agarrensé bien cuando van a aterrizar, bla, bla, bla....

   Como los fondos no eran abundantes, no hubo tiempo ni forma de preparar una nueva vestimenta. Es por eso que se reciclaron los buzos y pantalones que se habían intercambiado en el sudamericano con los paraguayos. Ah...se hicieron muchos banderines e insignias con un solo objetivo: haya iban a hacer falta.

   La llegada a Lomas de Zamora tenía una agenda acordada. Recepción en el municipio bonaerense, entrevistas en radios y diarios de la zona y un partido ante la selección local en la noche previa a la partida hacia Italia.

 

En la Municipalidad de Lomas de Zamora. Vera, Palacios. Vega, Paulon, Basualdo y Vanetti.

Charlando con Jorge Costas mientras el equipo jugaba contra la selección de Lomas de Zamora.

 

   Llegó el día del viaje. La partida en el vuelo de Varig estaba prevista para las 17.30 hs. En la noche se durmió poco y mal, la ansiedad era grande, ya que para siete de los ocho integrantes de la delegación era la primera vez que viajábamos en avión. Sólo Costas tenía experiencia de volar en avión.

   Luego de almorzar, sin siesta mediante vinieron a buscarnos para llevarnos a Ezeiza. También nos acompañó hasta el aeropuerto internacional el entonces secretario de la C.A.B., Héctor Alberto Limardo.

   Una hora antes del vuelo, tensos y ansiosos, estábamos todos en el pre embarque. Uno a uno íbamos despachando nuestras pertenencias y presentando pasaporte y ticket de vuelo. Hasta que llegó mi turno. Entrego los papeles y la empleada me dice que le de también el permiso de autorización a viajar de mis padres. No lo tenía. No me habían dicho nada de que tenía que tener ese papel. Nuestro desconocimiento y la falta de asesoramiento de la empresa donde compré el ticket dio como resultado que en las gateras me quedaba sin viajar. Yo le explicaba a la empleada que quería viajar, que no sabía nada de ese papel...pero no se podía hacer nada. Ahí entro en escena Costas. Faltaba sólo media hora para salir. Jorge le explicaba que íbamos a un mundial de bochas, que él se hacía responsable, que...Pero no había caso, las leyes habían cambiado un tiempo atrás. Tanto insistió Costas que llegó a la Oficina de Migraciones. Eran las 17.15 y desde los altoparlantes se sentía:”Pasajeros de Varig, por favor embarcar, restan sólo quince minutos para la partida”. Yo transpiraba, estaba desahuciado. El viaje se frustraba. Todo el equipo esperaba ansioso a Costas. Todos me consolaban, todos hacían fuerza para que en esa lejana oficina se solucione mi problema. Los minutos pasaban, los altoparlantes sonaban insistentemente y Costas no aparecía. ..

   17.30. La hora indicaba. Todos aún en el pre embarque y el avión que se iba. 17.32 y la empleada de Varig que le dice al resto de la delegación que empiecen a subir, que ya era muy tarde. 17.35 y cuando empezaba a saludarlos, veo a Costas bajando las escaleras corriendo y gritando: ¡Flaco viajás ! Todos corriendo y gritando eufóricos por los pasillos del aeropuerto. Subimos al avión, nos sentamos, nos abrochamos el cinturón y despegamos. Sin tiempo a pensar nada. El avión nos había esperado.

   Comienza el show. Pasado el susto, nos empezamos a mirar entre todos, no lo podíamos creer, estábamos sobrevolando el océano rumbo a Italia. De pronto las azafatas empiezan  repartir unos choricitos de tela húmedos.¿? Incógnita, ¿qué era eso? Mirábamos a los costados y vemos que la gente se limpiaba las manos y la cara con esas toallas, que eran eso, toallas. Nosotros hacíamos lo mismo.

   Llega la merienda, las bebidas y sin que nos diéramos cuenta la escala en San Pablo. Bajamos en el aeropuerto brasileño y lo comenzamos a recorrer de punta a punta. Claro, en Ezeiza no habíamos tenido tiempo de mirar nada.

   Una hora en Brasil y los ahora “experimentados” pasajeros seguíamos rumbo a Roma, destino final. De ahí teníamos que hacer más de trescientos kilómetros para llegar a Ancona, sede del torneo. Estábamos en camino...

  

En el avión. Recién habíamos despegado. Luis Mario Vanetti, Raúl Basualdo y Daniel Paulon.

La escala en San Pablo. Luis Mario, Jorge y yo posando. “Charo” descansando mientras Costas y Vega charlan animadamente.

 

 Continuará...