Se nos fue Carlos Carabajal. Se nos fue el “Padre de la Chacarera”, alguien que alguna vez ganó una medalla jugando a las bochas...

 

   El mundo folcklorico aún está conmocionado por la partida hacia el más allá de Don Carlos Carabajal, el “Padre de la Chacarera”. Si bien su salud se había deteriorado en los últimos días y había padecido dos accidentes cerebrovasculares, siempre se esperó una mejoría de Don Carlos. Hombre prolífico en su poesía y su música, supo llevar este ritmo por distintos países, siempre defendiendo las banderas de la tradición, de la chacarera y de su Santiago querido. Don Carlos tenía 76 años y una innumerable cantidad de amigos que hoy lo lloran por los distintos rincones del país.

   Si me permiten, le voy a contar una anécdota que me une con Don Carlos. En el año 1999, en Termas de Río Hondo y por esas casualidades del destino, vi un afiche que promocionaba la presencia de Carlos Carabajal en un salón pequeño de la ciudad santiagueña. Hasta ese momento - por mi profundo amor al folcklore y por el respeto que me merecen quienes son parte de la historia de esta música - era una asignatura pendiente hacerle una nota  a Carlos. Pero, siempre hay un pero en los distintos momentos de nuestras vidas, había cometido el mayor error que puede tener un periodista: no andar con el grabador encima. Fui corriendo adonde estaba el grupo que me acompañaba, y raudamente salimos volando para nuestra residencia, a unos cinco o seis kilómetros del centro termeño. A todo esto, el show de Carlos ya estaba promediando. Busqué el grabador, volví al lugar de actuación y llegué para escuchar los últimos temas de su actuación. Esperé pacientemente que se vaya retirando el público, luego de las fotos y autógrafos de rigor, con la ansiedad de quien está frente a un mito viviente de la música nacional.

   Me presenté. Lo salude y le pedí si podíamos hacer una nota. Si, m’hijo, como no. Esa fue la respuesta que recibí. Nos sentamos, hablamos durante casi una hora. Sin apuro, tomándose el tiempo para buscar cada palabra ante mis preguntas y por supuesto, hablando con la cordialidad y simpleza de los grandes. Terminó la nota y le consulté: creo que usted conoce a un tío mío, Roque Trionfetti, que vivió en La Banda y jugaba a las bochas en Sarmiento. ¡Ehhhh, el “Flaco”, como no lo voy a conocer! Respondió Carlos y continuó con una anécdota. “Tu sabes que con la  Zita, mi señora, teníamos el bar del Club Sarmiento, en La Banda y el Flaco jugaba allí a las bochas. Un día, estaba por comenzar un partido y al equipo de tu tío le faltaba un jugador. Estaban por perder sin jugar. En eso me llama el Flaco y me dice:¿Podés jugar Carlos, aunque sea unas manos? Como no le podía fallar, agarré las alpargatas, me prestaron un pantalón blanco, camisa y entré a jugar. Fueron algunas manos, ya que luego vino el que faltaba, yo entré de puntero. ¿Y sábes? El equipo de Sarmiento ganó el campeonato esa vuelta y yo tengo la medalla de aquel título...”

   Don Carlos. Un grande. Una enciclopedia de anécdotas de vida, incluída esta que me contó con las bochas. Se fue con una chacarera, también con una medalla bochófila...

Daniel F. Paulon

 

Carlos Carabajal. El “Padre de la Chacarera”.