Vivencias de un hombre que jugó cinco mundiales.

 

Eduardo Luján anduvo y mucho. Pese a su juventud tiene el récord en nuestro país en la cantidad de mundiales jugados. Fueron cinco. Desde muy joven, con sólo 19 años ya se puso la celeste y blanca para representar a Argentina en su primera experiencia mundialista. Un mano a mano imperdible con uno de los jugadores más destacados de la historia bochófila nacional.

 

-          ¿Cómo llegaste a jugar tu primer mundial allá en 1983, a ser convocado para la selección con sólo 19 años?

-          Yo recién salía del servicio militar y aparece la noticia de que se iba a jugar un primer mundial. Entonces hacen una preselección de jugadores, cada provincia designaba jugadores y yo fui uno de los designados para participar de la eliminatoria esa. Porque ya había un jugador elegido, que era Jesús Pepicelli, que era el jugador número uno que lo habían llevado para que conozca el juego y después sacaban tres jugadores para completar los cuatro jugadores que disputarían el primer mundial.

-          Fuiste con Pepicelli, vos...

-          Maero y Barbero. Nos fuimos eliminando durante cuatro meses, que fue el tiempo que duró la eliminatoria. O sea que eso arrancó en marzo y recién en julio quedamos los clasificados de aquella eliminatoria.

-          O sea que era muy distinto a lo que se hace ahora.

-          Claro, yo salí jugador número dos, prácticamente gané la eliminatoria, porque Pepicelli ya estaba. El tres fue Maero y el cuatro fue Barbero. Después quedaron dos suplentes que eran Rivero y Siwisky, el de Córdoba. Ellos quedaban de suplentes por si alguno no podía ir.

-          Llegó el momento de viajar, toda una experiencia nueva...

-          Fue espectacular. Pero previamente yo me lo tomé muy en serio. Cuando a mí Calequi que era Presidente de la Federación me dijo que era uno de los preseleccionados para competir con las demás provincias para ir a un mundial, empezé a practicar. Cuando hablaban de un mundial entonces me mandaron un juego de bochas chicas y tené en cuenta que en ese tiempo estaba la bocha de 1.350 kgs.

 

Jorge Barbero, Jesús Pepicelli, Eduardo Luján y Alfredo Maero.

 

-          La diferencia era muchísima...

-          Y, a los 900 grs...Entonces lo que ellos querían es que el jugador que estaba preseleccionado no jugara más con la bocha grande. Por lo general los jugadores tenían compromisos con los clubes, les gustaba jugar todos los torneos y si vos te ponés a jugar con la bocha chica no podías jugar más un torneo hasta después del mundial. Vos podías estar cuatro o cinco meses sin jugar con la bocha grande y quedabas fuera del equipo que iba al mundial, era una arriesgada...me puse a jugar con la bocha chica, con 19 años y en un momento donde había ganado dos o tres especiales. Fue el momento en que estaba queriendo agarrar un juego importante y me agarró el juego de la bocha chica. Ahí pensé, si yo juego un mundial va a ser único. Yo me encontré con que en las eliminatorias de Marcos Juárez, Bell Ville, Córdoba, que los otros jugadores no practicaban y yo les sacaba ventaja porque los otros no sabían ni el reglamento casi...Yo me había estudiado el reglamento de memoria, había practicado la rafa y había llenado las canchas de Salto de piques (risas). Rafaba bastante bien, que para el juego europeo es fundamental.

-          O sea que por algunos meses fuiste un jugador de dos reglamentos.

-          Lo que pasa es que me dediqué a eso, no toqué más la bocha grande. Yo pensé: si me va mal me va mal. Pero no toqué más la bocha grande, mientras los otros jugadores siguieron jugando con la bocha grande y practicaban dos días antes de jugar la eliminatoria. Yo notaba que jugadores que eran superiores a mí, yo les marcaba diferencia con la rafa y el arrime, porque prácticamente no se bochaba. Todos que eran grandes bochadores les costaba porque la diferencia de las bochas era muy grande. Hasta yo cambié la forma de tirar, hacía cinco pasos – el reglamento nacional era de tres pasos – y tiraba de arriba mano. Por supuesto que había practicado mucho en mi casa. Y hasta los siete metros, que era hasta donde el reglamento te permitía largar la bocha, arriba mano la podías agarrar más a la bocha. Y le pegaba bien... Arrimaba mucho, ya que practicaba cinco horas por día y de rafa andaba bien...En ese momento mi viejo me dijo que tenía que dedicarme de lleno a estas eliminatorias, que total tenía tiempo para seguir con la otra bocha. Se hablaba de un mundial, de Suiza...En esa época yo no creí que me podían poner, habiendo tantos jugadores famosos. Se hablaba de Ghío, Colantonio, Foco, tantos otros. Y yo pensaba: que me van a llevar a mí con 19 años. Pero resulta que ponen un técnico de Capital, de apellido Notari que me empezó a ver jugar bien. Yo iba a jugar mano a mano en Córdoba con los grandes jugadores de allá y los otros arrimaban bien, pero no podían pegar y les costaba la rafa, ya que tampoco conocían mucho el reglamento. Yo en las eliminatorias ya  era casi un jugador europeo. En los mano a mano les ganaba 12 a 1, 12 a 2. Me acuerdo que sacaba el chico al torito, cuando me pegaban dos clavadas les rafaba el chico al fondo, donde estaban mis bochas y ahí los complicaba...

-          Y llegó la primera experiencia en 1983.

-          En ese torneo éramos todos bochadores, yo también lo era. El equipo de tríos era Barbero de punta, Maero de medio y yo de palo. La cosa es que no arrimaba nadie. Y yo había practicado mucho el arrime y le pedí al técnico que me deje jugar de arrime, ya que habíamos perdido varios partidos por no arrimar nada. Te imaginas, yo que había practicado el arrime, en canchas nobles, sin trampas...yo me defendía un montón. Además yo la pensé para mí, si ando bien de arrime, no me saca nadie el puesto. Porque de palo, competir con tantos monstruos era dificilísimo. Y arrime tan bien que ya en el otro mundial fui de puntero.

 

Farías, Pooli, Mendieta, Luján, Fernández y Foco. Milán 1985.

 

-          En el mundial te ponen el himno y te cambia la historia...

-          Son sensaciones únicas. Tomar un avión con cuatrocientas personas, esos aviones que vos no ves la otra punta. Hacés escala en Barcelona, Madrid, Milán y te ponés a pensar donde estás. Y después del mundial empezamos  a recorrer, porque la competencia duró ocho días y la gira fue un total de veinte días. Conocimos Venecia, tantos lugares. Yo sacaba fotos a todo lo que se movía. Ya para la segunda vos vas con más experiencia, pero igual seguís conociendo.

-          Y al segundo vos ya llegás como el experimentado, ya siendo base del equipo.

-          Claro. En el primero salimos cuartos, y en el interín del Mundial se jugaron unos campeonatos en los que anduve bien y también me entregaron una medalla como el mejor jugador sudamericano. De los que habían ido de Sudamérica me premiaron a mí. Eso me vino bien para el segundo mundial, donde yo fui directo, sin eliminatoria ni nada y los otros tres salieron (Pepicelli, Maero y Barbero) y entraron  Mendieta, Foco y Fernández. Yo fui el único que repitió. Jugar con Mendieta y Foco para mí, con 21 años era una cosa de locos, semejantes jugadores. Mendieta fue el que mejor se adaptó, rafaba a la par de cualquier italiano y pegaba un montón. Incluso de parejas ganamos campeonatos de esos abiertos, cosas que ningún equipo sudamericano pudo hacer.

-          Porque ustedes en la gira participaban de los torneos abiertos que se hacen allá como sería en cualquier lugar de nuestro país...

-          Claro, porque después del mundial la gira continuaba en los torneos y amistosos. Te pagaban la estadía para que te quedes a jugar amistosos, torneos. Inclusive en un individual participaron más de mil jugadores. Eso se puede hacer porque son partidos a doce tantos, además que nadie va para adelante a ver la jugada, viste que se quedan todos mirando atrás. En veinte minutos muchos partidos terminan. Y como es simple eliminación, un campeonato de mil jugadores lo terminaban en un día. Yo lo cuento y no lo quiere creer nadie, pero era así. Te digo que era una organización de...

-          La historia sigue escribiéndose con la posibilidad de vivir un mundial en Argentina. Vos llegaste con 23 años y dos mundiales encima, pero este era de local...

-          Primero hicimos una gira de 41 días en Europa antes de jugar el mundial acá. El presidente en aquel entonces era Farías a quien después se lo criticó mucho, ahora, lo que él hizo para organizar el mundial prácticamente sólo, con muy pocos colaboradores, lo que hizo, fue espectacular. Pero como siempre al que más trabaja es al que más se lo critica. Farías, llegó un momento que todo lo que se movía alrededor de las bochas pasaba por él. Y no era solamente en el país, afuera también. Yo estaba con él y sonaba el teléfono de la casa y lo llamaban de Italia, de Francia. El hablaba con Muñoz (José María, relator de Radio Rivadavia) como si hablara con cualquiera. El consiguió que se transmitiera la final del mundial por Radio Rivadavia – en aquel entonces era la emisora más escuchada del país - ...

-          Fue un hecho inédito. Colantonio me contaba que en el hotel escuchaban que por la radio invitaba a la gente a ir al Luna Park. Jugaban Boca-River y Muñoz hablaba con el Luna Park. ¿Qué sentían ustedes?

-          Fue increíble. Yo tengo la grabación de Muñoz transmitiendo el partido y lo relataba como un partido de fútbol. Y la gente gritando porque el Luna estaba lleno. Yo creo que los nervios nos mataron para ganar el mundial. Ganamos el primer partido en tríos y jugamos el individual y la pareja simultáneamente, uno al lado del otro. Y nosotros sabíamos que si Colantonio ganaba éramos campeones del mundo y él sabía que si nosotros ganábamos éramos campeones del mundo.

 

Argentina fue segunda en el Mundial de 1987. Foco, Mendieta, Colantonio, Luján y Trellini (D.T.)

 

-          Vos jugabas la pareja ¿con?

-          Mendieta. El trío lo habíamos jugado con Mendieta y Foco y ganamos en seis, ganamos fácil.

-          Y a Colantonio lo guardaron para el individual.

-          Claro. Colantonio ganaba 9 a 3 la final. Pero él estaba preocupado por lo que hacíamos nosotros y nosotros preocupados por lo que hacía él. Pasa que no tenés una revancha de eso...porque quizás con una experiencia nueva, porque si tenés la revancha de ese día y en Argentina, nosotros podíamos ser campeones. Porque Colantonio se preocupaba por nosotros y nosotros por él y en vez de meterte en el partido estás más pendiente de lo que pasa al lado. Quizás ese fue el error.

 

El Luna Park a pleno en el Mundial de Argentina 1987.

 

-          Al año siguiente fuiste a Lugano, Suiza al primer campeonato individual.

-          Sí, fuimos yo y Mendieta porque iban dos por país. Y ahí entré quinto. Perdí con un italiano. Si no me hubiese tocado el italiano podría haber entrado en la semifinal porque jugué bien ese partido. Porque le gané al italiano, un tal Odorico, estaba él y D’Alessandro.

-          Que en aquel entonces era considerado el mejor del mundo.

-          Claro. Incluso ganó D’Alessandro ese mundial. Y con el tal Odorico, él me ganó el primer partido y yo le gané el segundo. Y me ganó el bueno.

-          Ah...¿se jugaba al mejor de tres?

-          Y...porque cuando llegaron entre los ocho se jugaba al mejor de tres, para que no vayan a perder los italianos. Porque vos un partido le ganabas, pero dos de tres...ya era más difícil. Entonces yo le gané uno, pero el tipo me ganó dos. D’Alessandro lo ganó invicto. Y el único partido que perdió un italiano fue conmigo. Después ganaron todos los partidos y en la final D’Alessandro le ganó a Odorico.

-          Y el quinto, el último que jugaste fue en Suiza en el ’91. Otra experiencia más.

-          Quizás fue la peor experiencia de las cinco. Porque fue medio, como te puedo decir, fue todo a último momento, sin prácticas, Argentina parecía que no iba pero al final fue. Nos llamaron a último momento, no había ropa. A Farías se lo criticó mucho, pero íbamos con Farías y teníamos cinco equipos deportivos cada uno. Bolso, traje, zapatos, zapatillas, todo de sobra. Porque él conseguía que Adidas nos diera cosas. Y después fuimos a este último mundial en el ’91 y no había nada. Tuvimos que llevar ropa que teníamos de antes. El presidente en ese momento era Costas y yo sinceramente, no tengo nada contra Costas, pero fue vergonzoso llevar un equipo como nos llevaron a nosotros esa vez. Porque vos no ibas acá a la vuelta, ibas a Europa. Incluso los dos últimos días terminamos pagando la comida nosotros. O sea, con Farías no había un solo día que no te preguntara si habías llamado por teléfono a tu casa. Si le decías que no habías llamado te mandaba a hablar.

-          O sea, cuidaba que el jugador sólo pensara en el campeonato.

-          Todos los días yo llamé por teléfono haya estado en Suiza, Italia o donde sea. Llamé yo, Mendieta, el que sea. Cuando fuimos el último mundial hasta las llamadas tuvimos que pagarnos nosotros, cuando él hablaba todos los días. Yo estoy de acuerdo que el presidente tiene que hablar todos los días ya sea a la confederación, etc. Pero esa vez al jugador se lo trató muy mal, te lo puede decir cualquiera de los que estuvo en el ’91,que fuimos Mendieta, el “Nene” Arce y Aldo López con Colantonio de técnico. Que Aldo gana el argentino individual y va a jugar casi sin conocer el reglamento, cuando Aldo López tiene unas condiciones bárbaras, pero no sabía el reglamento. Porque se dio de última ir, y como no iban a llevar al campeón argentino individual. A mí me parecía bárbaro, pero no lo hicieron ni practicar al pobre Aldo.

-          Claro. No estaba mal que lo lleven, sino la situación y el momento.

-          Porque por lo menos nosotros teníamos una idea de la bocha chica, porque habíamos jugado bastante. Aunque no habíamos estado practicando, con dos días de práctica más o menos nos rebuscábamos un poquito. Si por lo menos le hubieran avisado 15 o 20 días antes, seguramente le iba a agarrar la mano. El ’91, dentro de todo lo bueno que había sido todo lo demás, me parece que empañó lo anterior. Aparte, lo básico como la comida y las llamadas, en este último tuvimos que pagarlas a veces nosotros. Y vos estabas representando al país. Ojo...tampoco es criticar a la confederación, porque a lo mejor no se estaba bien. Porque a lo mejor en ese momento la confederación estaba mal económicamente. Por eso quizás que pasó eso. Pero no se aclaró de entrada. Hubiesen dicho: ‘miren muchachos, estamos mal, ¿ustedes están en condiciones de ir así?’ Pero no se habló nada. Allá era verano y llevamos un equipo que era berreta y de invierno. Al final, con Mendieta y el “Nene” Arce, como teníamos ropa de antes y nos habíamos hablado por teléfono, en pareja jugábamos con la ropa que teníamos de antes...

Eduardo Luján hoy, con los colores de Fortín de Salto, su actual club.

 

Algo personal.

 

Eduardo Luján. 43 años. Nacido en Salto el 4 de diciembre de 1963. Debutó oficialmente a los 12 años. Jugó en los clubes El Porvenir (Salto), Compañía (Salto), Defensores (Salto), Sport (Salto), Villa Sanguinetti (Arrecifes), Obras Sanitarias (Arrecifes), Rivadavia (Rojas), Bandfield (Pergamino), Centro Recreativo Gahan (Salto), Federal (Pergamino), Centenario (Pergamino), Acevedo (Pergamino), Club Cueto (Pergamino) y El Fortín (Salto). Disputó los mundiales de Suiza ’83, Milán ’85, Argentina ’87, Lugano ’88 y Suiza ’91. Fue campeón argentino en parejas y tercetos en el 2000, ganó el Torneo Tierra Adentro ante Uruguay y obtuvo en 1986 la Copa Internacional desarrollada en Bahía Blanca. Fue distinguido ocmo el Mejor Deportista por la Confederación Argentina de Deportes en 1986 y con el Olimpia de Plata en 1987.

 

Daniel F. Paulon

Mundobochas