La columna del lunes.
El domingo arrancó gris. Y siguió gris con la suspensión del clásico y con ese tinte nostálgico que casi siempre tienen los domingos. Y es momento de escribir esta columna, la que con el correr de los lunes irá desandando caminos recorridos, personas con las que me he cruzado y principalmente irá hacia el pasado.
Y a la lluvia del verano le escribió Alesio Mendoza, que fue mi maestro en la primaria y al que volvi a ver ya siendo un adulto. Alesio fue cuentista, maestro y guitarrero. Si en sus clases de Carpintería nos portábamos bien culminaba las mismas con un cuento, un premio hacia nosotros sus alumnos. Y lo volví a ver cuando su salud se había afectado. Pero luego de una mejoría y después de unos años sin escenario volvio a actuar para una cena anual de la revista Bochas, la que hacíamos junto al amigo y maestro Héctor Vega. Esa noche, casualmente de verano, Alesio volvio a cantar, a recitar y a contar sus historias, que a veces fue su historia. Y recitó entre otras cosas, La lluvia de verano…
“Decía que a veces en esas noches llovedoras de verano
por la ventana de la lluvia me pongo a mirar pasados
porque no hay nada en el mundo que a través de tantos años
se repita siempre igual como la lluvia de verano
Ella es la misma que ayer, cuando yo andaba gateando
volcó su chorro de plata para que se enyene mi charco
Y es la misma que después, cuando quise andar hondeando
me dio agua para la tierra de mis balines de barro
Y así la aprendí a querer, con ojos esperanzados
porque el agua era bendicion aquí en el sur de Santiago
y había que esperar que llueva para plantar un arado
Ella me hermana con todo el tiempo que he caminado
hasta con un dia lejano en que anduve enamorado
Porque fue en un día de lluvia que un olor a tortas fritas
me fue arrimando hasta un rancho
Y entre el humo de las leñas en que la estaban fritando
se me asomo una sonrisa y dos ojos me alumbraron
Después ya forme mi nido, dos cachorros lo alegraron
y entonces me ganó el monte por sacar pan de un quebracho
Y en esa vida de obraje fui carrero, capataz y hasta anduve administrando
Y así me pasé algún tiempo endureciendo mis años
hasta que cerro ese obraje y ahí rumbeé para estos pagos
Primero de domador, de alambrador, de maestro,
de cuentista y guitarreando
haciendo de todo un poco, porque eso sí, a Dios gracias,
para todo soy baqueano
ha de ser porque de chico el machete de la vida
me fue curtiendo a planazos.
A esas nostalgias me trae la lluvia de tantos años
lluvias que endulzan recuerdos también de tiempo amargos
porque supe quedar solo como guacho allá en mi rancho
esperando a que volviera la madre de mis muchachos
Y ella no quiso volver, comentaba que fui malo,
porque anduve en guitarreadas y a veces volvi borracho
Dijo que la castigue, que tenía otra mujer y otras cosas fue aumentando
solo por justificar y llevarme a mis muchachos
Pero esas son cosas pasadas, yo la perdoné hace ratos
Porque no fue por otro hombre que ella se fue de mi rancho
Cuando una yunta de bueyes no son parejos para el tire, lo mejor es separarlos
Por eso es que ya hace mucho, me di cuenta pero tarde,
de que en un tiempo fui malo
y de ahí que en la galería, mientras tomo unos amargos
con el hilo de la lluvia voy enhebrando retazos
De todo un tiempo pasado me alegro, me pongo triste,
a veces hasta he llorado
Porque no hay nada que hacer con la lluvia de verano…
Cuantas veces le pedi que me lave los recuerdos y me los entierre en el barro
Y yo no se si por amiga o tal vez por caprichosa nunca quiso hacerme caso
Porque viene ese aguacero
y en vez de lavar recuerdos
me los sigue amontonando…”
Hasta la próxima. Buena semana para todos.













